7 destinos imperdibles del sur del Perú que todo viajero debe conocer

Escrito por Sadith Collatupa
Actualizado en: 2025-11-26
Cuando se habla de los destinos turísticos del sur peruano, dos nombres se repiten una y otra vez en las conversaciones y en los planes de viaje: Arequipa y Cusco. No es una coincidencia. Las dos ciudades son más que un punto en el mapa; son puertas de acceso a historias, sabores, paisajes y personas que dejan huella en la memoria de quien las visita.
El viajero tiene la posibilidad de pasar, en pocos días, desde caminar entre muros incaicos hasta observar volcanes desde una plaza colonial, visitar valles agrícolas de miles de años de antigüedad, explorar cañones profundos y degustar una gastronomía que sintetiza la diversidad del sur peruano. Este artículo propone un recorrido por 7 destinos imperdibles articulados en torno a Cusco y Arequipa, pensado para inspirar viajes por el sur del Perú que combinen cultura, naturaleza y momentos auténticos.
1. Cusco: capital histórica del Tahuantinsuyo
El primer impacto del viaje suele ocurrir al llegar a Cusco. La vida diaria continúa entre combis, escolares y comerciantes de mercado, a pesar de que el aire es más frío y las montañas rodean la ciudad. Gradualmente, el visitante se da cuenta de que el turismo en Cusco no es simplemente un catálogo de monumentos, sino una manera de vivir y convivir con una capital histórica que sigue poblada y siempre activa.
El Centro Histórico, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, combina:
- Calles empedradas y muros incaicos, que sostienen muchas construcciones coloniales.
- Plazas y templos, donde conviven ceremonias religiosas, ferias y encuentros cotidianos.
- Barrios como San Blas, con talleres de artesanos, miradores y c
- Cafés que invitan a hacer pausas.
Detalles como un balcón de madera tallada, una mujer que vende flores y un grupo ensayando danzas hacen que quien se detiene a mirar comprenda pronto por qué Cusco es uno de los destinos turísticos más importantes del sur peruano: la historia aquí cohabita con la vida cotidiana, no está solamente en los museos.
2. Sacsayhuamán, Qenqo, Pukapukara y Tambomachay
La ciudad se extiende hacia la zona alta y surgen los lugares arqueológicos que rodean Cusco, a pocos minutos del centro. El que más impresiona es Sacsayhuamán, con sus grandes bloques de piedra ensamblados con exactitud y una vista panorámica que, al caer la tarde, da la impresión de iluminar toda la ciudad.
Además de Sacsayhuamán, no puedes perderte lugares como:
- Qenqo, con recintos tallados en la roca y espacios asociados a rituales.
- Pukapukara, antigua construcción vinculada al control de caminos.
- Tambomachay, donde el agua fluye en canales y fuentes con un diseño que todavía sorprende.
Recorrer este circuito arqueológico es una forma de completar la experiencia del turismo en Cusco: se pasa de ver la ciudad desde adentro a comprender cómo estaba protegida, organizada y conectada con su entorno sagrado.
3. Valle Sagrado de los Incas: pueblos, terrazas y cultura agrícola
A medida que se desciende hacia el Valle Sagrado de los Incas, el paisaje cambia. El río Vilcanota acompaña el camino, los pueblos se vuelven más pequeños y aparecen andenes que cubren las laderas de las montañas. Aquí, la historia se mezcla con la vida rural y el viaje se vuelve más pausado.
En el Valle Sagrado destacan:
- Pisac, con su sitio arqueológico en lo alto y un mercado donde se cruzan artesanías, frutas, panes y tejidos.
- Ollantaytambo, considerado un pueblo inca vivo, con calles de piedra, canales de agua y una fortaleza en la montaña.
- Chinchero, conocido por sus talleres textiles que muestran procesos de hilado, teñido y tejido con técnicas ancestrales.
Este valle es ideal para quien busca destinos turísticos del sur del Perú que combinen paisaje, cultura y contacto cercano con las comunidades. Alojarse una o dos noches aquí permite sentir mejor el ritmo local: ver cómo se encienden las luces al caer la tarde, escuchar quechua en las plazas y probar productos frescos directamente de la chacra.
4. Machu Picchu: ciudad inca entre montañas
En casi todo plan de viajes al sur del Perú, hay un nombre subrayado: Machu Picchu. Llegar hasta esta ciudad inca es, para muchos, el momento más esperado del viaje. El trayecto en tren o trekking ya adelanta lo que viene: montañas cubiertas de vegetación, el río corriendo abajo y una niebla que se levanta poco a poco.
Una vez en el sitio, la experiencia suele Sectores urbanos y agrícolas, con recintos, plazas y andenes que muestran la planificación de la ciudad.
- Miradores naturales, desde donde se aprecia la armonía entre arquitectura y paisaje.
- Rutas complementarias, como Huayna Picchu o la Montaña Machu Picchu, para quienes buscan vistas distintas (según disponibilidad de boletos).
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Más allá de la fotografía clásica, recorrer Machu Picchu con calma, escuchando a la persona que guía, observando las montañas que rodean el santuario, notando los cambios de luz, ayuda a dimensionar por qué este lugar es símbolo de los destinos turísticos del sur del Perú y de todo el país.
5. Arequipa: ciudad blanca entre volcanes
Si Cusco impresiona por su pasado inca, Arequipa conquista por su carácter señorial y su relación con los volcanes. Al llegar, lo primero que suele llamar la atención es la vista al Misti y a las montañas que enmarcan la ciudad, así como el brillo particular del sillar blanco en fachadas, portales e iglesias.
El centro de Arequipa ofrece:
- Una Plaza de Armas amplia, rodeada de portales y dominada por la Catedral.
- Casonas y claustros coloniales, donde patios interiores, arquerías y jardines invitan a entrar y explorar.
- Espacios emblemáticos como el Monasterio de Santa Catalina, una especie de ciudad en miniatura con calles internas, celdas y patios llenos de color.
La gastronomía arequipeña es un capítulo aparte: picanterías tradicionales, platos como el rocoto relleno, el pastel de papa o el adobo arequipeño son parte de la experiencia. Aquí, el viaje también se vive a través del sabor.
Para muchos viajeros, Arequipa se convierte en un eje imprescindible dentro de los destinos turísticos del sur del Perú: un lugar donde la arquitectura, la historia y la mesa se unen en una sola parada.
6. Cañón del Colca y pueblos del valle
Desde Arequipa, la ruta se vuelve más rural y andina al adentrarse en el valle del Colca. En el camino aparecen rebaños de alpacas y vicuñas, pequeñas comunidades y terrazas de cultivo que descienden por las laderas de las montañas. Es un paisaje que invita a bajar la velocidad y a mirar con atención.
En el Cañón del Colca, uno de los más profundos del mundo, sobresalen:
- Miradores como Cruz del Cóndor, donde muchas personas esperan pacientemente el momento en que los cóndores se lanzan al vuelo aprovechando las corrientes de aire.
- Pueblos tradicionales, con iglesias coloniales, plazas pequeñas y personas que aún visten trajes típicos en su día a día.
- Andenes preincaicos e incaicos, que muestran desde hace siglos la relación entre la población y la tierra.
Pasar una o dos noches en el valle permite disfrutar con más calma de la zona: caminar por senderos cortos, relajarse en baños termales y, sobre todo, entender que este destino no es solo un punto para ver cóndores, sino un territorio donde la vida se organiza entre el río, las montañas y la agricultura.
7. Tours de medio día desde Arequipa: Ruta del Sillar y salar de Salinas
Cuando ya conociste el Centro Histórico y quizá fuiste al Colca, todavía hay otra parte de Arequipa por descubrir. Dos excursiones de medio día o día completo que encajan bien en los viajes al sur del Perú son la Ruta del Sillar y el salar de Salinas: una lleva al origen de la “Ciudad Blanca” y la otra muestra un paisaje altoandino distinto al de la plaza y las casonas.
Ruta del Sillar: la piedra que construyó la ciudad
La Ruta del Sillar recorre las canteras de Añashuayco y Culebrillas, en las afueras de Arequipa. Allí se extrae desde hace siglos el sillar, la piedra volcánica blanca con la que se levantaron muchas iglesias y casonas del centro. Caminar entre los bloques tallados, escuchar a los canteros contar su oficio y ver relieves esculpidos en la roca ayuda a entender Arequipa de otra manera: no solo como postal bonita, sino como resultado del trabajo de muchas manos.
El tour suele incluir paradas en miradores con vista al Misti y otros volcanes. Es una opción para quienes ya recorrieron el centro histórico y quieren sumar una experiencia distinta dentro de los destinos turísticos del sur del Perú sin alejarse demasiado de la ciudad.
Salar de Salinas: espejos de sal y fauna altoandina
La laguna o salar de Salinas, un lago salado que varía con el paso de las estaciones, está situada en la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar. En temporada seca, la superficie se convierte en una costra blanca que cruje con los pasos; en época lluviosa, el agua crea espejos que reflejan nubes y montañas.
En el camino es frecuente ver vicuñas, llamas, alpacas y aves como flamencos en los humedales. Algunos circuitos incluyen un tiempo en aguas termales, ideal para cerrar el día mirando el horizonte andino.
Incluir la Ruta del Sillar o el salar de Salinas en el itinerario agrega naturaleza y paisaje volcánico a la experiencia urbana de Arequipa y ayuda a completar el mapa de destinos turísticos del sur del Perú centrado en Cusco y la “Ciudad Blanca”.
Cusco y Arequipa: dos ejes para entender el sur peruano
Al final del recorrido, muchas personas coinciden en algo: más allá de las fotos en Machu Picchu o de las vistas al Misti, lo que permanece es la sensación de haber conocido un sur diverso, donde la historia sigue presente y la vida cotidiana tiene un ritmo propio.
Cusco y Arequipa permiten comprender esa diversidad desde dos miradas complementarias: la del antiguo centro del mundo andino y la de una ciudad blanca, volcánica y señorial que abre la puerta al Colca. Juntas sostienen buena parte del atractivo de los destinos turísticos del sur del Perú y son el punto de partida ideal para seguir explorando.
Viajar por esta región con respeto, curiosidad y apoyo a las economías locales convierte el viaje en algo más que un itinerario: en una experiencia de encuentro con personas, paisajes y memorias que invitan, casi siempre, a querer volver.




Por Sadith Collatupa
Locutora y viajera apasionada por la historia y la cultura del Perú.
