Turismo sostenible en Perú: cómo viajar cuidando el medio ambiente

Escrito por Sadith Collatupa
Actualizado en: 2025-11-26
Viajar por Perú es cruzarse con nevados, desiertos, selva, ciudades coloniales y comunidades que siguen hablando quechua, aimara u otras lenguas originarias. Cada curva del camino trae algo nuevo: una señora que vende queso en la carretera, un niño que saluda desde la chacra, una laguna escondida entre montañas. Pero toda esa belleza también es frágil.
El turismo sostenible en Perú nace justamente de esa idea: disfrutar del viaje sin romper lo que vinimos a admirar. No se trata solo de ser ecológicos, sino de preguntarnos qué impacto tiene nuestro paso en el agua que se usa, en la basura que dejamos, en las personas que nos reciben y en sus formas de vida.
Más que una lista de reglas, el turismo sostenible es una forma de estar en el mundo cuando viajamos: con conciencia, respeto y ganas de conocer de verdad, no solo de consumir destinos.
¿Qué significa realmente el turismo sostenible en Perú?
Cuando escuchamos turismo sostenible, suena a concepto grande, pero en el fondo habla de cosas muy concretas:
- Cuidar la naturaleza: no dañar ecosistemas, no dejar residuos, no molestar a la fauna.
- Respetar la cultura: entender que los lugares no son parques temáticos, sino la casa de alguien, con costumbres, creencias y tiempos propios.
- Aportar a la economía local: que el dinero que movemos al viajar llegue también a las personas que viven allí, no solo a grandes empresas.
En un país tan diverso como Perú, esto se vuelve urgente. Hay comunidades que dependen del agua de un solo río, bosques que protegen a especies únicas, pueblos como Pisac, Ollantaytambo o Chinchero que reciben miles de visitantes pero siguen intentando mantener su rutina, su feria, su idioma.
Pensar en turismo sostenible en Perú es preguntarse: ¿cómo puedo estar aquí sin desplazar esa vida, sin convertirla en espectáculo?
Viajar con conciencia: antes, durante y después
La forma en que viajamos empieza mucho antes de subirnos al bus o al avión. Ser un viajero responsable no es algo que se improvise; se decide.
Antes de viajar
- Investigar más allá del “top 10”: no solo qué lugares son imperdibles, sino quién vive allí, qué fiestas son delicadas, si el destino está saturado en ciertas fechas o si tiene problemas de agua o residuos.
- Elegir con quién vas a viajar: operadores que trabajen con guías locales, respeten los límites de los destinos, manejen grupos pequeños y tengan una postura clara sobre cuidado ambiental y trato justo.
- Diseñar un viaje más lento: elegir menos lugares y quedarse más tiempo en cada uno para reducir impacto y ganar profundidad.
Durante el viaje
- Cuidar agua y energía: una ducha más corta en un pueblo de altura puede hacer una gran diferencia.
- Reducir plásticos: llevar botella reutilizable, bolsa de tela y cubiertos propios evita basura de un solo uso.
- Moverte de forma más ligera: caminar, usar bici o transporte local acerca más a la vida diaria y reduce la huella de carbono.
- Respetar reglas en áreas naturales: no salirse de senderos, no tocar fauna o flora, no llevarse “recuerdos”.
Después del viaje
- Contar lo que viviste, no solo lo que viste: al recomendar, hablar de límites, épocas sensibles y normas importantes.
- Seguir apoyando proyectos locales: muchas artesanas y comunidades venden por redes; mantener el vínculo es una forma de retribución.
- Mirar hacia atrás con honestidad: ¿qué hice bien?, ¿qué puedo mejorar la próxima vez?
Valle Sagrado: turismo responsable en Pisac, Ollantaytambo y Chinchero
El Valle Sagrado es un laboratorio perfecto para ver qué tan en serio nos tomamos el turismo sostenible en Perú. Lugares como Pisac, Ollantaytambo y Chinchero son preciosos, pero también vulnerables.
Pisac: más que un mercado de fotos bonitas
Muchos llegan a Pisac pensando en el mercado y las compras. Y sí, los colores son irresistibles, pero detrás de cada textil, cerámica o pieza tallada hay horas de trabajo.
Viajar responsablemente aquí puede significar:
- Preguntar quién hizo la pieza, cuánto tiempo toma y cómo se trabaja.
- Elegir productos hechos a mano frente a lo evidentemente industrial.
- Pedir permiso antes de fotografiar a las personas; para ellas, puede sentirse como una invasión.
Ollantaytambo: un pueblo inca que sigue vivo
En Ollantaytambo, las calles de piedra, los canales y las casas no son decorados: son parte de la vida diaria. Cuando alguien bloquea una puerta o se sienta en un umbral para una foto perfecta, ocupa el espacio donde otra persona entra y sale cada día.
Ser un buen visitante aquí implica:
- Dejar los pasos libres, no detenerse en cualquier parte.
- Caminar en silencio o con voz baja en la noche.
- Comprar en bodegas y panaderías locales, no solo en tiendas para turistas.
Chinchero: el valor de mirar a los ojos
En Chinchero, muchos centros textiles muestran procesos de lavado, hilado, tinturado y tejido. Ver cómo el color nace de plantas o cochinilla cambia nuestra relación con un textil.
Practicar turismo sostenible aquí es:
- Elegir espacios donde las tejedoras hablan por sí mismas, no solo alguien traduce.
- Valorar el precio justo por su trabajo.
- Preguntar cómo cuidar las prendas para que duren muchos años.
En Pisac, Ollantaytambo y Chinchero, la sostenibilidad se nota en gestos muy simples: cómo compras, cómo miras, cómo salud
Pequeños gestos, grandes cambios: acciones concretas
A veces parece que el turismo sostenible en Perú depende solo de gobiernos, leyes o grandes empresas, pero la verdad es que cada viajero decide mucho. Algunas acciones que marcan la diferencia:
- Dormir donde tu dinero importa: elegir hospedajes pequeños, alojamientos familiares o proyectos comunitarios donde sabes quién te atiende, de dónde son y qué sueñan.
- Comer donde comen las personas del lugar: mercados, fondas, picanterías, puestos de barrio. Allí se conoce la cocina real y el dinero va directo a manos locales.
- Apoyar el turismo comunitario: muchas comunidades ofrecen paseos, estadías, caminatas o talleres. Preguntar por sus reglas y respetarlas es clave.
- Cuidar cómo hablas de los lugares y de las personas: evitar expresiones como “atrasados”, “pobrecitos” o “gente simple”. Mirar a las personas como iguales, no como atracciones.
- No premiar prácticas dañinas: si un tour ofrece tocar animales silvestres, entrar a zonas restringidas o hacer algo prohibido “solo por esta vez”, lo responsable es decir que no.
Turismo comunitario y rural: conocer Perú desde adentro
El turismo comunitario y rural es uno de los caminos más valiosos hacia un turismo sostenible en Perú. En muchas comunidades andinas y amazónicas, las familias reciben visitantes, comparten su comida y enseñan sus actividades diarias.
Para el viajero, estas experiencias permiten:
- Dormir en lugares donde se escucha el silencio o la lluvia en techos de calamina.
- Aprender palabras en quechua mientras se pela papa o se muele maíz.
- Entender que detrás de cada paisaje bonito hay trabajo, memoria y luchas.
Para la comunidad, cuando está bien organizado, el turismo puede significar:
- Más recursos para educación, salud o proyectos locales.
- Motivos para seguir cuidando el bosque, las lagunas o los andenes.
- Orgullo por su cultura, sin presión por cambiarla para gustar al visitante.
La clave está en que las comunidades decidan qué quieren mostrar, cómo y cuándo. El viajero debe aceptar esas reglas, no imponer las suyas.
Cómo elegir tours y experiencias más sostenibles
No siempre es evidente si una agencia o un tour practica realmente turismo sostenible. Pero hay señales claras que ayudan:
- Explican con claridad con qué comunidades trabajan y cómo se distribuyen los ingresos.
- Limitan el tamaño de los grupos y evitan horarios que saturan los destinos.
- Trabajan con guías locales que conocen el territorio, la historia y los códigos culturales.
- Hablan de cuidar los destinos, no solo de aprovecharlos.
Si, además, incluyen lugares como Pisac, Ollantaytambo o Chinchero dentro de rutas con tiempo para conversar, probar, caminar y no solo “pasar para la foto”, es una buena señal.
Viajar con conciencia, respeto y autenticidad
El turismo sostenible en Perú no es una etiqueta bonita para una web: es una invitación a viajar de otra manera. A entender que no somos solo turistas, sino visitantes en otra casa.
Cuando recorremos Perú con conciencia, nos preguntamos qué impacto dejamos.
Cuando lo hacemos con respeto, aceptamos que hay cosas que no son para nosotros, y está bien.
Y al buscar la autenticidad, dejamos lo prefabricado y abrazamos lo real, con sus luces y sombras.
Perú seguirá recibiendo viajeros. La pregunta es cómo queremos que lo haga: ¿con destinos saturados y comunidades agotadas, o con paisajes cuidados y personas que se alegran de recibirnos?
Cada decisión —dónde dormimos, qué compramos, a quién escuchamos— ayuda a inclinar la balanza. Y, tal vez, la mejor forma de agradecer al país lo que nos regala es esa: viajar de manera que lo que nos enamoró siga allí para quienes viven y para quienes llegarán después.




Por Sadith Collatupa
Locutora y viajera apasionada por la historia y la cultura del Perú.
